Alzay Oleum 2019: la historia de una cosecha temprana que acabó en lágrimas de alegría

La tercera cosecha del aceite de oliva virgen extra Alzay Oleum, variedad Picual, ha sido la más madrugadora de todas. En condiciones normales, la aceituna no se recoge hasta bien entrado noviembre. Pero este año la climatología ha repartido unas cartas distintas. La escasez de recursos hidrológicos y las altas temperaturas de un otoño atípico han acelerado la madurez del preciado fruto de nuestros olivos. Es así: el campo también pone a prueba tus reflejos y tu capacidad de reacción.

Por este motivo, decidimos adelantar la cosecha unos 20 días. Apuesta arriesgada si tenemos en cuenta que, a finales de octubre, el envero de las aceitunas era menos apreciable que en las campañas precedentes. Pero la gloria es para los valientes y, con toda honestidad, sentíamos la curiosidad de cosechar el fruto un poco más verde de lo habitual para exprimir todo su potencial. Nuestra gloria es Jaén en estado puro.

El resultado, más allá de cualquier calificativo, es el que dictamina el análisis organoléptico. La química del aceite de oliva virgen extra no engaña a nadie. Y el veredicto de la primera cata sensorial no arroja ninguna duda (ver aquí).

El día decisivo

Es 28 de octubre y amanece en Alcalá la Real. Toda la cuadrilla ha sido convocada a las siete de la mañana en un bar familiar del pueblo. Café y tostadas de tomate con aceite de la tierra. La mejor vitamina para afrontar una dura jornada en el olivar. Pero, antes, recibimos algunos consejos de los viejos sabios del lugar: la ausencia de rocío, el estado óptimo del terreno, el dichoso cambio climático… Aunque nuestro futuro está en juego, hoy no hay espacio para la tertulia política.

Los días previos han sido algo ajetreados. Hay que preparar las herramientas, comprobar los utensilios y repasar nuestro manual para una cosecha impecable. Siempre con la mirada puesta en la meteorología. Y de ahí la primera apuesta estratégica: cosechar por la mañana para esquivar el atípico calor que azota a Alcalá la Real a partir del mediodía. Una decisión que luego será de vital importancia para la campaña, pues nos ha permitido llevar la aceituna a su estado óptimo y extraer el aceite en frío sin superar los 25ºC.

Minutos antes de la 8 ponemos pie en el campo. Allí nos espera Francisco, que ya ha preparado todo para cosechar las primeras hileras de olivos. Estamos listos para varear las ramas de aceitunas en su punto óptimo de maduración. Cruzamos miradas entre las hojas. Las sensaciones son buenas, pero nadie quiere anticiparse. Solo algún susurro atrevidamente optimista mientras cargamos el fruto en el remolque. En pocos minutos está a rebosar.

Camino de la almazara

A las 9 partimos con el primer cargamento hacia el molino. El factor almazara ha de estar perfectamente alineado con el momento de la recolección. Hay que estrechar el reloj entre la caída de la aceituna del árbol y la molienda para proteger todas sus cualidades. En poco más de hora y media emana el zumo del fruto, aún sin filtrar. El aroma, potente e inconfundible, aviva nuestros anhelos y apaga cualquier atisbo de incertidumbre: el sabor todavía es picante y ligeramente amargo, pero el frutado resulta abrumador.

Con las fuerzas espoleadas por la calidad de nuestro oro líquido, deshacemos el camino para iniciar una nueva tanda. Repetiremos el proceso varias veces, hasta que no quede oliva colgando del árbol. Sobre las 11:30 dejamos el último cargamento del día en el pequeño molino familiar. Sonrisas y abrazos de despedida hasta el siguiente mañana.

Lazos de sangre y un cocido

Para poder cosechar en una fecha en concreto y con la premisa de hacer un aove gourmet, hemos de alinear muchos factores y que todos remen en la misma dirección. Gracias a nuestras familias y amigos, todo es más ameno. No es un trabajo, es una fiesta. Como recompensa, un cocido que nuestras madres han traído hasta el olivar. Puro espectáculo.

El 29 de octubre iniciamos la segunda jornada de esta memorable cosecha. Ni rastro de temido rocío. El tiempo, otra vez, está de nuestra parte. Disipadas las dudas acerca de nuestro éxito, nos volcamos en nuestra tarea con más ilusión incluso que en el día anterior. Todo fluye favorablemente hasta completar la misión rozando el mediodía.

Por la tarde, visita al molino para evaluar la producción: un total de 750 litros de aceite de oliva virgen extra de primera calidad. Es entonces cuando miro a mi padre, el que más sabe de esto. Una lágrima se desliza por su rostro. Una lágrima de felicidad que me produce tanta satisfacción o más que la medalla de plata conseguida el año pasado en Grecia. La suerte está echada.

Un artículo de Miguel Román, fundador de Alzay Oleum.

Extra point: el aceite de oliva vigen extra Picual de Alzay Oleum está destinado a paladares selectos, restaurantes gourmet y tiendas gastronómicas de todo el mundo. Una edición limitada que dedicamos a nuestra tierra y a nuestras familias. Donde cada árbol ha sido mimado para poder obtener un AOVE fiel a nuestra filosofía respetuosa con la naturaleza. En la que conjugamos los medios tradicionales y modernos para ser eficientes en cada gota de zumo de oliva exprimido. En la que cada año adquirimos más conocimientos que aplicamos en toda la cadena de producción, con un resultado que cada día nos sorprende más. Lo tenemos muy claro: nos importa la calidad, no la cantidad. Un sabor de mil años. Esa es la promesa que llevamos hasta su mesa.

Descarga nuestro catálogo pulsando en la imagen.

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